|
Por Bill Wolf
Durante el último año, en la lucha
contra el SIDA en Oaxaca se ha mencionado "El Modelo de San
Francisco" en repetidas ocasiones y se ha sugerido que de algún modo
podría aplicarse aquí. Estadísticamente existen fuertes similitudes entre el
San Francisco de hace 10 años y Oaxaca hoy. El número y el crecimiento de
casos en esa ciudad durante los años 1981, 1982 y 1983 son casi idénticos a los
de Oaxaca en los años de 1989, 1990 y 1991. Durante los años inmediatos
después de 1983 en San Francisco, el número de casos aumentó muy rápidamente y
la ciudad se enfrentó a un enorme número de casos de SIDA. Sin embargo durante
esos mismos años la ciudad y la comunidad pusieron en marcha un programa masivo
para enfrentarse a esta enfermedad a todos los niveles; lo más importante fue
el esfuerzo para detener el contagio del virus de inmunodeficiencia humana
(VIH) a personas no infectadas. Durante varios años, el virus siguió
extendiéndose, aunque en menor proporción. En 1986 aproximadamente el número
de nuevos contagios comenzó a detenerse y hoy en día es casi cero, por lo que
San Francisco es prácticamente única en el mundo habiendo logrado detener el
contagio del virus entre su población. Las acciones y programas llevados a
cabo por la ciudad y la comunidad se conocen en el mundo como el "Modelo
San Francisco".
En este artículo examinaré ese modelo y lo que
se hizo en San Francisco durante la última década. Se espera que en Oaxaca se
vea reflejada en estas discusiones y encuentre ideas y acciones útiles que
puedan servirle a nuestra ciudad en la misma forma que le sirvieron a San
Francisco, es decir, para prevenir el contagio del virus a la población.
Al principio de la década de
los años 80, el futuro de esta enfermedad se veía oscuro. No había una cura en
el horizonte, ni se veían señas de una vacuna, sino en el futuro lejano. La
ciudad se dió cuenta que la única batalla que podía librarse a nivel local era
la de la prevención.
En esta época, comencé a
trabajar con varias organizaciones voluntarias locales en la lucha contra el
SIDA y observé su trabajo. Estos años trajeron un incremento en el número de
casos de SIDA y pronto la mayoría de las personas en la ciudad tenían un amigo
o conocían a alguien con SIDA. Se abrieron centros para detectar el virus en
la sangre y muchas personas descubrieron tener el virus. Había mucho temor y
aprensividad, historias de choferes de camión que usaban guantes de hule y de
personas que temían comer en ciertos restaurantes. Se rumoraba que el virus
viajaba en el agua, el aire o con tocar a las personas. Se necesitaba
urgentemente información veraz y de la forma de transmisión del virus.
Dos cosas comenzaron a
suceder. Primero, los niveles más altos del gobierno y del cuidado de la salud
de la ciudad lanzaron un programa fuerte y activo para informar al público
sobre esta enfermedad. En 1983, la ciudad patrocinó un simposio sobre SIDA en
la alcaldía, abierto al público y a la prensa. Se presentaron claramente las
formas de transmisión y prevención. Hubo discusiones francas sobre sexualidad
y sexo seguro de una forma abierta y sin rodeos. El Departamento de Salud
Pública de San Francisco se "comprometió a un esfuerzo agresivo para
informar al público y coordinar y poner a su disposición todos los recursos con
los que contaba".
Segundo, la gente de San
Francisco respondió formando, en los siguientes años, docenas de nuevas
organizaciones para servir las muchas necesidades personales en la comunidad.
Se estableció un banco de alimentos para pacientes de SIDA menesterosos. Se
llevaron a cabo talleres de sexo seguro. Se formaron grupos de terapia para
personas con SIDA, para personas viviendo con el VIH, para personal de
atención, familiares y amigos. "Open Hand" (mano abierta) comenzó a
preparar y entregar comidas calientes para personas con SIDA y "Pets are
Wonderful Support" (las mascotas son un gran apoyo) organizó voluntarios para
ayudar a las personas a cuidar de sus perros y gatos. Las iglesias ofrecieron
apoyo lo mismo que cientos de individuos y pequeños comercios en la ciudad. El
proyecto Shanti comenzó a entrenar a voluntarios para dar consejo a personas
con SIDA, y el Fondo de Emergencia del SIDA comenzó a recaudar recursos para
darle ayuda en efectivo a personas necesitadas.
La comunidad artística,
afectada en gran medida por esta enfermedad, se puso en acción con funciones de
beneficio y con espectáculos especiales para informar al público, hacer
conciencia sobre el SIDA y recaudar fondos. Se establecieron líneas directas
de teléfono para referir a la gente de acuerdo a sus necesidades y ofrecer
guías. La prensa y la televisión se involucraron activamente al darse cuenta
que la salud de su público era de su interés; los periódicos locales dedicaron
amplio espacio para proporcionar información correcta y exacta.
Además, la importancia del
condón se hizo notar y la ciudad respondió con la fuerza de un huracán. Había
condones en todas partes: bares y clubes sociales, teatros, puertas de
periódicos, fiestas particulares, actividades de beneficencia, clínicas y
hospitales; los condones eran gratuitos y se motivaba a las personas a
"llevarse cuantos quisieran".
Aparecieron grandes anuncios
aconsejando el uso del condón. Las paradas de camión y las estaciones del
metro tenían mensajes sobre sexo seguro. Se presentaron abiertamente
materiales sexualmente explícitos sobre información, prevención y reducción del
riesgo de infección. Se pensaba que el dinero gastado en condones e
información sobre sexo seguro resultaría ser dinero bien aprovechado.
Un esfuerzo comprometido de
los directivos de salud pública, de investigadores médicos, personal de
atención médica y la población en general se consideró el primer paso inicial
en la batalla contra el SIDA.
Las acciones de la gente en
San Francisco surgieron de una rotunda necesidad de responder a esta enfermedad
en una forma fuerte, positiva y al saber que las personas con VIH y SIDA serían
tratadas con el mejor cuidado médico y recibirían cariño y apoyo, libre de
temores y prejuicios, muchas personas adquirieron el valor para hacerse la
prueba del virus, para apoyar a sus seres queridos y tomar control sobre sus
vidas y sus cuerpos. La autoestima que las personas ganaron al saber esto fue
el primer paso para cambiar su conducta.
Así, San Francisco puso en
marcha un programa a gran escala que se ha convertido en el estándar contra el
cual se mide a los demás; se le conoce como "el Modelo de San
Francisco" y los ciudadanos de esa ciudad con justa razón tienen un gran
orgullo de sus logros.
Hoy la ciudad todavía lleva
la pesada carga de esta enfermedad y continúa sufriendo a causa de ella. Sin
embargo, hay un sentir positivo en la gente quienes saben que sus esfuerzos
casi han detenido el avance de este virus entre su población.
Bill Wolf
AIDS Emergency Fund
San Francisco, California
|